Nada en exceso es bueno. Eso es algo que nos abre a muchas preguntas acerca de nuestros hábitos y que nos han hecho en consecuencia estos. Los excesos llevan a la adicción, y la adicción lleva al decaimiento, por decirlo de otra forma, todo lo que viene, se va. Las consecuencias de estos excesos nos pueden llevar a dañar de diversas formas nuestra vida, o inclusive la de los demás.
En el aspecto de ponerse uno en conductas de riesgo sin antes pensar en las consecuencias nos puede causar daños tanto físicos o a los demás. Seguramente ha pasado que por cometer una conducta de riesgo no pase nada, pero ahí es donde entra el exceso. Un exceso de conductas de riesgo inevitablemente llega a dañarnos y si la conducta de riesgo que se realiza involucra a demás personas, el daño también les llegara a ellos.
En la vida y en todas las decisiones hay que tomar en cuenta un aspecto que no mucha gente considera en su toma de decisiones, las personas cercanas a ti. Cometer actitudes de riesgo también pone en peligro a aquellas personas cercanas o con relación con el individuo, y ya es bien sabido que especialmente con la familia, incluso cometer acciones propias que aparentemente no afecta a los demás, si lo hacen. En el caso de las drogas, el individuo que las consume nunca piensa en que en algún momento eso perjudicara o pondrá en algún predicamento a su familia.
Concluimos resumiendo que las conductas de riesgo pueden pasar inadvertidas en la vida de uno, siempre y cuando se tome en cuenta la toma de decisiones responsables, pero si uno decide arriesgase con el tiempo y ver qué sucede en el evento de repetir muchas conductas de riesgo, el resultado no será agradable para nadie.
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